28 de mayo Todo apuntaba a que sería una fiesta pero
Carolina Railhawks, con ayuda del árbitro se encargó de arruinarla
Con muy poco pero con mayor efectividad, el conjunto visitante
se llevó una victoria del Loubriel por dos tantos contra uno
Hasta la lluvia que amenazaba con caer, se alejó del Loubriel, pero
el que si cambió fué el propio conjunto Naranja, dubitativo por
momentos, explotando nuevamente los balonazos frontales casi en toda
la primera mitad. Si bien es cierto que el terreno no estaba seco,
tampoco presentaba charcos que presentaran un obstáculo para
desarrollar el juego que más les conviene a los Islanders, en
contrapartida fué la gente de la visita la que jugó por el piso.
Pero vamos paso a paso.
El primer tiempo comenzó de la peor manera, apenas habían
trancurrido 4 minutos, cuando una proyección de Gardner que
superaría la marca de Martínez, y habilitaría en diagonal a Bundu
para que con un remate bien ejecutado venciera la resistencia de
Gaudette.
Los Islanders con poco orden buscarían el empate, pero solamente
através de un tiro de esquina, a los 13 minutos, que recibió Nurse
en inmejorable posición, que haría estrellar el balón en el travesaño,
más por ponerle mucha pimienta a su remate, que ubicación.
Pero no todo era a favor de los Islanders, el equipo no encontraba
un orden defensivo, Martinez totalmente desconocido, no solamente
perdía las marcas, sino que además parecía no encontrar su ubicación
en el terreno, claro que una cosa va relacionada con la otra.
Horst, no hacía pié y se mostraba impreciso en los pases, obligando
a Velez a duplicarse en su esfuerzo.
A los 38' un error defensivo de Carolina, fué aprovechado por Salem,
que habilitó rápidamente a Addlery y éste cruzó un centro para
Jagdeosingh, que prácticamente en el borde del área chica, sacó un
remate fuertísimo con destino de red, pero que encontraría las manos
salvadoras de Reed y colaboración nuevamente del travesaño para
negarle el empate a la Tropa Naranja.
Por otro lado, la visita retrasó sus líneas más aún y no supo
aprovechar las ventajas que ofrecían los Islanders en su
desesperación por buscar la igualdad.
Así se llegó al final de la primera mitad:
Islanders
Carolina
8
Tiros al arco
4
2
Corners
0
49.9%
Posesión del balón
49.1%
A pesar de una mayor cantidad de remates de parte de los Islanders,
y casi un equilibrio exacto en la posesión, Carolina con poco se
encontraba en ventaja.
Párrafo aparte merece la actuación del árbitro, que ya daba muestras
de ser absolutamente inepto, marcaba las faltas desde muy lejos, sin
embargo a los jugadores naranjas se cansaron de empujarlos, tomarlos
y todo seguía como si nada.
Para el segundo tiempo la situación, exigía cambios estratégicos
claros e inmediatos en la tropa naranja, pero habría que esperar un
poco más, con un par de sustos adicionales, Gaudette tuvo que
esforzarse en dos oportunidades muy claras, para que esos cambios se
produjeran.
A los 68', Colin Clarke envió al terreno a Foley por Kendall (muy
golpeado y cansado), y a Bangura por Salem, con una clara intención
de mejorar el aspecto ofensivo.
Y bien que resultaron esos cambios, el conjunto naranja ganó en
dinamismo, mucha movilidad en el medio, con mayor control del balón
y con proyecciones ofensivas que prometían el empate.
Estuvieron muy cerca los Islanders de lograrlo, en una jugada
colectiva de 5 pases, moviendo el balón de un lateral al otro,
abriendo los espacios, pero en la puntada final no se pudo convertir.
La seguidilla de tiros de esquina a favor de la Tropa Naranja, eran
una clara muestra de que Carolina sentía la presión y llegaría el
tan ansiado empate a los 73' Hansen ejecutaria un tiro libre sobre
el vértice del área, Addlery cabeceará impecable, pero el balón dará
en el poste izquierdo del portero, el rebote lo recibió Gbandi que
sacará un centro envenenado al área chica, allí, entre medio de
muchas piernas aparecería Foley para impulsar el balón al fondo de
las mallas.
Era el empate, muy merecido, por lo realizado en esos minutos.
A partir de allí, aparecería en acción el pésimo arbitraje, cuando
los Islanders estaban volcados al cien por ciento buscando la
victoria, los jugadores de Carolina se hacían merecedores al Oscar
de actuación, en más de una oportunidad, cayendo al piso
espectacularmente, cuando el jugador rival más cercano estaba a un
par de pies de distancia. El juez compraba todo.
Así se ganaría la amarilla Nurse en una jugada donde el jugador
naranja gana perfectamente la posición, lejos del defensa y este se
tira en forma teatral.
Esa amenaza de errores tendría su punto culminante a los 83 minutos,
Hansen busca el balón en el vértice del área, gana perfectamente con
el cuerpo, el delantero de Carolina que se apoya sobre Joshua y cae.
Increíblemente el juez sanciona al revés (era falta del jugador de
Carolina) y concede un penal.
Por suerte, en este caso se hizo un gesto claro de justicia,
Richardson, ejecutó en forma casi displicente, ante un Gaudette muy
atento, lo que le permitió al portero contener el remate.
Todo seguía igual, los Islanders buscando la ventaja y Carolina
esperando algún contragolpe para dar el golpe mortal.
El juez adicionó 5 minutos, para mí, correctamente, y cuando ya todo
se terminaba, un error casi infantil de Horst cometiendo una falta
descalificadora en 3/4 de cancha, le cedió un tiro libre a Carolina
y dejó a los Islanders con 10 hombres. Expulsión más que correcta en
este caso.
Allí sucedería una seguidilla de circunstancias casi al unísono,
Clarke envió al terreno a Rivera por Allison, que no hacía ni dos
minutos que había ingresado por Hansen, la defensa debía
reacomodarse demasiado rápidamente y con un tiro libre en contra, un
solo hombre haciendo de barrera, salió el disparo de Paladini, Gaudette permite
que el balón le pique antes, se desliza por debajo del cuerpo del
portero en lugar de elevarse, dá en el poste y se introduce en el
arco.
Final de la fiesta que no fué.
Conclusiones: Un partido que se podría haber ganado
tranquilamente, pero nuevamente el abuso excesivo del balonazo
frontal durante todo el primer tiempo y parte del segundo le
restaron chances de obtener ese resultado. La complacencia del juez,
y la suerte que favoreció a la visita, terminaron por regalarle un
triunfo desde inmerecido hasta injusto. Pero como se repite siempre,
"los goles que tú no conviertes los sufres en tu propia valla"