CÓMO NACIÓ EL CENTRAL ARGENTINE RAILWAY
ATLETIC CLUB
No es el caso que recordemos la inauguración del ferrocarril en
Rosario. La presidencia de Roca. Para la historia sucinta, breve, inconclusa,
de un club deportivo, no interesa posiblemente.
Pero lo importante es señalar que a raíz de ello llegaron en la segunda
mitad del siglo XIX a nuestro país numerosos súbditos británicos para ejercer
distintas funciones.
Desde Londres fueron comisionados altos empleados que venían a dirigir.
También eran ingleses gran cantidad de obreros ferroviarios.
Entre esos "johnis" muchos había de edad madura.
Otros eran jóvenes. Y no faltaban, como es lógico suponer, los pibes.
Nos cuentan que los inglesitos, que en su patria ya se divertían pateando
la pelota, empezaron aquí, en los "güecos", cercanos a los
talleres, a darles puntapiés a la redonda. Ese puñado de pebetes empezó a
hacer ejercicios con una pelota de goma enfrente a la parada
Castellanos.
Eran los muchachos de don Tomás S. Hopper – William y Henry – y F. Mc.
Leen, Michel Green, F. Barton, E. Camp, J. Mac Intire, Sthephen Simps, entre
otros.
Fueron ellos quienes iniciaron la ruta de la entidad que habría de surgir
oficialmente. Durante un tiempo jugaron partidos amistosos bajo la denominación
de Talleres, hasta que SE FUNDA EL CENTRAL ARGENTINE RAILWAY ATLETIC CLUB.
Fundación
Era el mes de diciembre. Corrían los días agonizantes del año 1889. Caía la
tarde. Un grupo de obreros y empleados del F.C. Buenos Aires y Rosario
acababan de llegar, terminadas sus ocupaciones, a un viejo café de la Avenida
Alberdi, donde años más tarde habría de levantarse el edificio del Colegio de
los Talleres. Entre ellos se hallaban, Colin Calder, Tomás S. Hoper, R.C.
Chamberlain, Miguel Green, W. Mulhall, N. Cooper, Simps, Maybe, Wilkinson,
Lamb, Hollis, Muskett y algún otro que la memoria se niega a precisar. Esa
tarde el círculo se había hecho más estrecho.
Todos ponían atención en las palabras de Calder, que en tono al parecer
convincente, poniendo calor en su expresión, exponía vaya a saber qué
argumentos.
¿De qué conversaban aquellos ingleses que no podían ni siquiera presumir
los criollos de las mesas cercanas?
Cuando ya entrada la noche los contertulios se alejaron del lugar, se
adivinaba en ellos como una promesa de una reunión no lejana.
Al día siguiente, en el mismo local, quedaba fundada una entidad deportiva
para la práctica de un deporte que por entonces sólo se había jugado en forma
esporádica, alguna tarde que después de la tarea diaria se habían reunido en
el descampado para practicar cricket.
T. Mutton propuso el nombre de la institución. Se llamaría Central
Argentine Railway Atletic Club.
Fue primer presidente mister Colin Bolin Calder y secretario mister C.
Chamberlain.
Habían cristalizado, pues, una noble intención. Central Argentine Railway
Atletic Club daría cabida a todos trabajadores del F.C. Rosario y Buenos
Aires que desearan hacer deporte.
Cuando la empresa cedió un terreno para que ahí se diseñara el campo de
juego, se iniciaron de inmediato las prácticas de cricket y muy poco después
las de fútbol.
Los primeros colores de la flamante institución fueron blanco y rojo, más
tarde casaca blanca y azul repartidos en cuadros grandes y, posteriormente,
la auriazul, en franjas verticales
En la primera época
La primera época estuvo erizada de dificultades. Se jugaba por el
deporte mismo. El juego de los "cuatro ingleses locos" se
practicaba, realmente, por pura diversión. Esos obreros entusiastas después
de pasar muchas horas del día entregados a la tarea que a cada cual
correspondía en los talleres del ferrocarril, junto a hierros y maquinarias,
necesitaban, fuera del trabajo, buscar motivos de distracción.
Es que existía, por lo demás, verdadero amor por el deporte. Los hijos de
la Albión habían sabido predicar con el ejemplo las bondades que aporta el
cultivo del músculo mediante el ejercicio físico, ya fuera este bajo el
aspecto del cricket o del fútbol.
El ferrocarril aportó bien pronto un terreno para que se hiciera el campo de
deportes.
Aquellas tardes del viejo barrio Talleres hallaba a los
"pioneers" del gran fútbol de ahora, entregados a la práctica de un
deporte que, con el correr de los años, habría de alcanzar enorme arraigo y
popularidad.
Pero si bien es cierto que el campo de juego, contando con la colaboración
de la empresa, significaba un aporte considerable, no salvaba ello todas las
necesidades del momento. Había que comprar los implementos necesarios para la
práctica del fútbol, que no eran pocos, representaba un gasto apreciable, si
se tiene en cuenta la carencia de un número calificado de contribuyentes y lo
elevado de esos artículos importados que más de una vez habrían de causar la
risa de los empleados aduaneros.
COMIENZOS DIFÍCILES
En cada etapa de Rosario Central, a cada paso, aparece el esfuerzo y
la buena voluntad de sus propulsores. Desde aquella vez que uno de los
"pioneers" donó tres libras esterlinas para los primeros gastos,
pasando por Venancio Fuggini, que les compraba los botines a algunos
jugadores para descontarles el importe a razón de dos pesos mensuales, hasta
las damas que en 1919 se cotizaron para premiar a los players campeones,
porque el club no estaba en condiciones de hacer gastos extraordinarios. Todavía
se conserva en la entidad un pergamino obsequiado a los futbolistas por ese
núcleo de entusiastas centralistas, entre los que se recuerda a la señora de
Flynn, señora Delia Rimini y una hermana del entonces activo secretario
Salustiano Gorostiza..
DETALLES INTERESANTES DE LA PRIMERA
ÉPOCA
En viejos archivos que tenemos ante la vista encontramos algunos
detalles interesantes.
Como los dirigentes de los primeros tiempos eran empleados del ferrocarril
y dominaban más el idioma inglés que el nuestro, la correspondencia del club
era redactada en aquél.
Repasando los archivos del entonces Central Argentine Railway Athletic Club
se encuentran infinidad de cartas y otros documentos redactados en inglés,
cosa que se hacía aún en simples anotaciones de la época.
Muchos documentos de la entidad en sus comienzos han desaparecido, mientras
que otros se hallan celosamente guardados. Entre estos, al repasarlos, hemos
visto una de las primeras actas de reuniones de C.D. Corresponde a la
celebrada el 23 de setiembre de 1904, presidida por el señor H. Pearce. En
ella se autorizó la práctica del cricket y el comienzo de un campeonato
interdepartamental del mismo deporte, como así también la construcción de
armarios, cobrándose a los socios que los usaren, una suscripción anual.
Cada seis meses se acostumbraba realizar asambleas para designar al capitán
y subcapitán, a la vez que miembros de la comisión de cricket. Una de las
citaciones halladas en los archivos, es la de la sesión para el día 13 de
octubre de 1906, a la 5 p.m.
SE DENOMINA ROSARIO CENTRAL
El primitivo nombre de Central Argentine Railway Athletic Club,
subsistió hasta principios de siglo. Cuando en el año 1903 se produjo la
fusión de los ferrocarriles Buenos Aires y Central Argentino, se realizó una
asamblea entre los asociados rosarinos y personal ferroviario que se
trasladara desde Campana a esta ciudad.
Fue un acto en el cual se trató de buscar la fórmula que conciliara las
preferencias de las dos tendencias. Y fue así que tras algunas deliberaciones
se adoptó una denominación mixta, dándose el nombre de C. A. Rosario Central,
aprobándose una moción de don Miguel Green.
Si bien es cierto que desde tiempo antes la práctica del fútbol constituía
ya la preferencia de los asociados de la floreciente entidad, puede decirse
que a partir de entonces tomó mayor arraigo y popularidad el juego. Los
partidos amistosos prosiguieron a partir de entonces sin solución de
continuidad y fue formando Rosario Central en sus filas a elementos que poco
después habrían de brindarle legítima satisfacción.
Cuando los institutos que propulsaban el juego de la redonda entre nosotros
resolvieron constituir una institución central que los cobijara y
organizaracampeonatos, el club auriazul habría de ser uno de los más
decididos organizadores.
EN LA FUNDACIÓN DE LA LIGA ROSARINA
El club Rosario Central, un activo propulsor del fútbol desde fines
del siglo pasado, no podía estar ausente en el acto de fundación de una
entidad que diera vida oficial al juego de la redonda. Y así, con la
colaboración decidida de los dirigentes del floreciente instituto auriazul,
surgió la Liga Rosarina de Fútbol, el 30 de marzo de 1905. Es memorable
aquella reunión en donde se echaron las bases para la fundación de la Liga,
llevada a cabo en el hotel Britania, que a la sazón estaba situado en la calle
Urquiza a la altura del 1200. Fue primer tesorero de la Liga Rosarina de
Fútbol don Miguel Green, representante del Club A. Rosario Central.
UNA CANCHA EN 48 HORAS
Se ha dicho y con razón: "Nosotros mismos llevábamos los palos
a la cancha"
Eran los tiempos heroicos. Dirigentes y jugadores confundidos en un mismo
esfuerzo enajenaban sus energías, ya en la faena deportiva del domingo o en
los arreglos de la cancha durante las horas libres del trabajo diario en los
Talleres del F.C.C.A.
En el año 1917 todavía ocupaba Rosario Central la cancha en la quinta
Sanguinetti.
Al promediar la temporada y hallándose el campeonato en pleno apogeo, los
propietarios de una franja del terreno que abarcaba el campo de deportes,
obligaron a la empresa del F.C. a reducir la cancha.
La Liga Rosarina emplazó entonces a Rosario Central para poner el field en
condiciones dentro del término de 48 horas, de lo contrario el equipo
auriazul debía jugar contra Argentino (hoy G. y Esgrima) en la cancha de
este, en el Parque Independencia.
Ahí fueron las de a peso...
Pero el amor propio, el deseo de triunfo, el sacrificio habrían de poder más
que la amenaza oficial.
Los players, los dirigentes, obreros y empleados del ferrocarril, sin
distingos, iniciaron una tarea extraordinaria, que tuvo su recompensa.
Nadie se salvó del trabajo de alisar el terreno, delinearlos y plantar los
palos. La cancha estuvo en condiciones en el tiempo acordado por la Liga
Rosarina.
Es domingo Rosario Central pudo, gracias al sacrificio común, jugar en su
propio field.
El resultado del match fue un empate en un tanto por bando.
Rosario Central iba perdiendo, pero Zenón Díaz igualó las
posiciones al señalarle un penalty a Eduardo Araya.
FAMILIARIDAD DEPORTIVA
Rosario Central, puede decirse, abarcó desde los primeros tiempos en
su zona de influencia todo el barrio norteño de la ciudad: Arroyito,
Refinería, Industrial, Alberdi. En ese enorme sector, verdadero pueblo aparte
de Rosario, si se nos permite, florecieron los grandes cracks de nuestro
fútbol. Sus figuras fueron a enriquecer el historial argentino con sus
actuaciones internacionales.
Hubo entre los players una familiaridad nunca desmentida. Jugadores que
militaban en otras entidades puede decirse que estaban ligados fuertemente al
instituto de la divisa azul y oro.
Por eso aquellos clásicos partidos entre los obreros ferroviarios
alcanzaron popularidad y fama. No eran todos futbolistas centralistas, mas,
podían considerarse, tal era la amistad y el entusiasmo por el popular
juego.
Con emoción se recuerdan los encuentros entre los equipos denominados
Locomotoras vs. Coches y Vagones.
No habrá nada más que hacer desfilar por la memoria a los players que
integraban aquellos conjuntos para apreciar la importancia, rivalidad y valor
deportivo de aquellas jornadas inolvidables.
Por Locomotoras solían jugar Serapio Acosta; Zenón Díaz e I. R. Rota; P.
Molina, J. Díaz y E. Fagginani; C, Grieshaber, A. Blanco, M. Argüelles, C.
Guidi y Ramírez.
Y no menos poderoso era el plante de Coches y Vagones: Colombo; Morgoux y
Paldal; Jamil, E. Blanco y J. Perazzo; Barbieri, Sánchez o Antuña, H. Hayes o
Laiolo, E. Hayes y Pimentel.
Cracks de Rosario Central y Tiro Federal se confundían, pues, en partidos
que tenían el alto significado de un acercamiento que con el correr de los
años ha quedado grabado con caracteres indelebles.
AUTONOMÍA DEL FERROCARRIL
Largo tiempo estuvo Rosario Central bajo tutela. La empresa del
ferrocarril ejercía influencia directa sobre la institución. Sus altos
empleados eran sus dirigentes. Sus asociados no podían ser otros que obreros
y empleados del F.C. Central Argentino.
Cuando en aquella asamblea del año 1903 se halló la fórmula conciliatoria
que dio un nombre definitivo a la entidad de los colores azul y oro, se había
dado un paso firme en su destino futuro.
Más recién veinte años después se logró la independencia absoluta. Rosario
Central tenía por delante amplios horizontes. No era menester para su
desenvolvimiento y progreso la fiscalización y organización de una empresa
que cerraba al instituto su campo de acción, reducido entonces a los
beneficios deportivos que podía proporcionar a sus empleados
ferroviarios.
No será necesario destacar nada más que alguna cifras progresivas dentro de
los primeros años que siguieron al acto de la independencia, para poner en
evidencia su rápido progreso.
Abiertas las puertas para todos los deportistas de buena voluntad que
quisieran ingresar a sus filas, el movimiento de asociados dio rápidamente la
impresión de lo que habría de ser en un futuro no lejano.
En el año 1918 los socios apenas si llegaban a 182 y el capital oscilaba en
los seis mil pesos. En 1926 los asociados sumaron la cantidad de 1.700 con un
capital de 47.000 pesos. Tres años más tarde se triplicaba el número de
socios y el capital ascendió a 73.000 pesos.
Apenas lograda la autonomía, el club fue organizado en su carácter de
sociedad civil y el gobierno de la provincia le acordó la personería
jurídica.
MATERIAL ORIGINAL PUBLICADO POR EL CLUB ATLÉTICO ROSARIO CENTRAL CON MOTIVO
DE CELEBRARSE EL 50º ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN EN EL AÑO 1939
(FRAGMENTOS DE "REVISTA CINCUENTENARIO")
Extraído
de www.rosariocentral.com