Página no oficial Página
no oficial de los
Puerto Rico Islanders FC
Año IV
Actualizada:
10/08/09 11:20 AM
COMENTARIO
Islanders 2009
El gatopardismo en el fútbol....
A partir de una frase célebre de la película "El gatopardo" (1963),
del director italiano Luchino Visconti, donde cita “es necesario
que todo cambie para que todo permanezca como siempre”, con la
que Tancredi (Alain Delon) sintetiza al
anciano Príncipe Don Fabrizio Salina (Burt
Lancaster), la ambición -inmovilista en el fondo y
revolucionario en la forma- de la emergente burguesía italiana, el
término gatopardismo se aplica en infinidad de situaciones, hoy lo
aplicaré al fútbol y más concretamente a los Puerto Rico Islanders.
A principios de esta temporada las ilusiones de lograr un campeonato
eran la base de todo el proyecto de la Tropa Naranja, basados en la
gran actuación en la Concacaf, y el subcampeonato de la USL, por
ello desde la Gerencia se realizaron los mayores esfuerzos para
mantener el grueso de la plantilla de jugadores que había
desarrollado tan existosa campaña, junto a su DT Colin Clarke, se
adquirieron refuerzos y todo estaba encaminado hacia el éxito.
Pero aparecerían los primeros nubarrones, los primeros
partidos jugados en el Loubriel, no resultaron del todo contundentes
como para afianzar las ilusiones de campeón, aparecerían las
eliminatorias de la CFU, donde se llegaría a la final del torneo,
pero una serie de imprevistas variantes tácticas y de jugadores,
terminaría con el consabido resultado de quedarnos subcampeones.
Surgieron entonces algunas declaraciones poco afortunadas, que en
lugar de producir un afianzamiento del grupo como tal, dejó una
sensación de que algo no estaba bien en el fuero interno, peor aún
con los resultados que seguirían, un empate y una derrota ante
Portland en el Loubriel y una amplia caida con el debutante Austin,
los cambios y variantes constantes, junto con la insistencia de un
estilo de juego poco atractivo desnudaron la realidad de los
Islanders.
El equipo no era el mismo del año anterior, a pesar de que los
hombres y su conducción si lo eran.
De allí en más los altibajos del conjunto naranja a lo largo de la
temporada sería un sello distintivo, con casi podría decirse una
doble identidad, cuando se proponía jugar al fútbol, el triunfo era
la consecuencia, si se aplicaba el balonazo, junto a un esquema
defensivo, el resultado era incierto.
El cúmulo de partidos durante los meses de julio, agosto y
septiembre, (23 juegos en total), sumado a las lesiones y fatiga en
algunos jugadores, comenzaron a conspirar contra las aspiraciones de
la Tropa Naranja, entre medio la etapa de eliminatorias de la
Concacaf y el ingreso a la fase de grupos, una derrota en Columbus y
otra caída casi estrepitosa frente al Saprissa de Costa Rica,
pusieron contra las cuerdas a los Islanders, no se perdía la fé,
pero la falta de sintonia y continuidad de un estilo de juego
productivo provocarían que se les escaparan dos triunfos en ese
certamen, el peor caso, ante Cruz Azul de México, cuando al final de
la primera etapa se vencía por 3 tantos contra 1, y el equipo Azteca
estaba muy lejos de merecer un mejor resultado, pero
inexplicablemente apareció nuevamente el fantasma del miedo, y se
terminó cediendo 2 puntos de oro, y dejándonos con muy pocas
probabilidades de superar la ronda, por su lado en la USL, se
ingresaba en la etapa final, y los altibajos se reflejaban
impunemente en los resultados, se había perdido por goleada ante
Minnesota (5-2), y por un 2 a 1 frente a Carolina, y con ello la
posibilidad de terminar en la punta del torneo, llegarían después el
empate del Saprissa en el Loubriel, casi en el último suspiro del
partido, y ya se le dijo adiós a la Concacaf, aparecieron nuevamente
las declaraciones como para reafirmar que la prioridad ahora la
tendría el campeonato de la USL, llegamos a los playoffs, una
derrota en Rochester parecía poner en riesgo esa prioridad, pero
reapareció el fútbol, los goles y la victoria contundente de 4 a 1
para acceder a las semifinales.
Pero la alegría durararía muy poco, Montreal sería un verdugo
implacable en los dos juegos, aprovechando el retorno del juego
defensivo y el balonazo como única arma, otra vez los
Islanders con las manos vacias.
El malestar entre el público, algunos jugadores y dirigentes al
final de esa eliminación dejaron en el ambiente la sensación de que
es necesario realizar algunos cambios, casi inmediatamente,
Colin Clarke se escudó en ello asegurando que esas modificaciones
pasarían por varios jugadores, mejorar y reforzar el aspecto
defensivo, quizás sin darse cuenta que esa misma filosofía fué la
causa de la decepción, no voy a decir fracaso ni éxito, porque
a mi entender esta temporada no ha sido ni una cosa ni la otra.
Muchos jugadores ya se han replanteado su continuidad, y son más de
lo que normalmente puede sospecharse, descontento, búsqueda de
nuevos horizontes, mayor continuidad, son las variables que se
escucharon en los pasillos y se leen en los distintos medios, pero
ello no deja de ser un indicador muy claro de que el golpe anímico
fué demasiado fuerte.
Me queda la impresión de que muchos de esos jugadores, de plantearse
un cambio concreto, no se marcharían tan fácilmente y serían mucho
más factibles las renovaciones de sus respectivos contratos.
La necesidad de un cambio es más que clara, pero dicho cambio debe
realizarse a conciencia, con el corazón naranja, sin temores, con
prudencia pero con firmeza, desde el concepto futbolístico,
revitalizando la promoción del talento local, junto con un estilo de
juego que convierta cada partido en un espectáculo digno de ser
visto y pasando por todos los aspectos complementarios y
organizativos.
Solamente espero que no sea una repetición de la frase del film al
que hice referencia en un principio, "es necesario que todo
cambie para que todo permanezca como siempre" y que dichos
cambios sean concretos y positivos para los Islanders, para que de
esa manera se recupere el carisma y afecto de los miles de
aficionados al fútbol, que juego trás juego fueron desertando de las
tribunas del Loubriel.